ENTRENAR CON CORREAS DE AGARRE, ¿SI O NO?

Accesorio de entrenamiento que no todo el mundo conoce, solo quien realmente ha llegado a mover un kilaje elevado en determinados ejercicios, que han puesto en evidencia su falta de agarre, es decir: la fuerza en manos y antebrazos. Pero… ¿son realmente necesarias?

El ejercicio rey en el que antes o después sentirás cómo se te abren las manos y se te escapa la barra de ellas, siempre que progreses adecuadamente y añadas peso regularmente a ésta, es sin duda el peso muerto. A todos nos ha pasado en un momento dado, a algunos con 80 kilos, a otros con 100, a los más «pro» llegando a los 200… que los dedos empiezan a flojear durante el levantamiento, con lo que corres un serio peligro de fallarlo.

Existe un truco que, supuestamente, consigue evitar que se te abran la manos: el agarre invertido: se trata de sujetar la barra con una mano con la palma mirando hacia dentro, en la posición normal, mientras la otra palma mira hacia fuera. En cada serie se debe invertir el órden y así ir alternando el agarre. En otras palabras, en lenguaje formal: se agarra con una mano en pronación y otra en supinación. Y, en cierto modo, sí puedes llegar algo más allá que con el agarre normal, pero -al menos en mi experiencia- llegará un momento en que se te abrirá una de las manos, con lo que seguirás en apuros para conseguir un levantamiento exitoso.

Al margen de que, teóricamente, este agarre funcionaba pero, en mi caso, en la práctica no llegaba mucho más lejos, existen evidencias de que para la mano que agarra mirando hacia fuera, puede ser peligroso y acabar dañando el bíceps de ese brazo. Si lo piensas bien, es como estar en la posición de estiramiento en un curl con barra con un peso desmesurado, por lo que tiene sentido. Yo nunca me sentí realmente cómodo, a decir verdad.

¿Qué haces entonces? Buscar una solución. Y la más fácil es conseguir una ayuda que te permita hacer trampa y salvar el obstáculo. Porque sientes que el resto de tus músculos pueden hacer más, tus manos y antebrazos te están impidiendo alcanzar tu máximo potencial y eso no lo podemos permitir, ¿verdad?

Las primeras correas que utilicé eran muy profesionales, te daban hasta cierto prestigio, te sentías importante al ponértelas porque significaba que ya habías llegado a manejar unos pesos resptables. En realidad, no eran correas como tales, sino unas muñequeras de cuero bastante sólidas, que llevaban incorporados unos ganchos que son los que debían engancharse a la barra. Y sí, conseguían cumplir su función de permitirte seguir haciendo repeticiones sin que la barra se te cayese, pero poco a poco la mano se te abría igualmente, con lo que la barra quedaba prácticamente sujeta por los ganchos, con la consiguiente presión en las muñecas que eran duramente oprimidas por el borde de cuero. Bastante doloroso, la verdad, aunque en aquellos tiempos todo nos parecía añadir valor al ejercicio y lo sufríamos con orgullo.

Por suerte, más tarde descubrí las correas, pero conseguir unas no era tan fácil como lo es hoy. No había internet, ni tiendas online para enviar a distancia, ni la cantidad y variedad de negocios dedicados al sector como hay ahora. Definitivamente, la gente de las pesas éramos unos bichos raros. Pero eso no iba a detenerme. Un chico que entrenaba en el mismo gimnasio tenía en casa unos cinturones de judo que ya no necesitaba. Me regaló uno y, cortándolo por la mitad y cosiendo un extremo en forma de lazo, conseguí fabricarme unas que, si bien no eran muy resistentes, me permitieron alcanzar la barrera de los 200 kilos que se resistía, y que aún después de muchos años conservo, bastante destrozadas.

Años más tarde, por fin pude comprarme unas auténticas correas «World gym» -que también conservo- con las que estaba encantado. ¡Qué diferencia! Éstas sí que eran resistentes y mucho más cómodas. Con ellas, quién sabe hasta dónde podría llegar. Qué tiempos aquellos en que la fuerza parecía no acabarse nunca y los lumbares parecían aguantarlo todo.

Mis viejas correas

Vamos a dejar los tiempos pasados y, tal como hemos visto al principio, centrémonos en el verdadero problema: el factor limitante -sobre cuya importancia hablaré en otro artículo- es la fuerza del agarre. Idealmente, cualquier persona que aspire a considerarse realmente fuerte, debería ser capaz de sujetar con sus propias manos los pesos con los que trabaja. Todos sabemos que no suele ser así: la mayoría anda más bien pobre en este aspecto, por lo que al final recurren a las dichosas correas de entrenamiento. ¿Es una decisión acertada? Sobre este tema podréis leer muchas opiniones contrapuestas: correas sí, correas no:

  • Los que están a favor -suele ser la vertiente más «culturista»– abogan por su uso, puesto que favorecen el aislamiento: su teoría es que no deberías verte limitado por el eslabón débil (tus manos) y concentrar toda tu atención y esfuerzo en el grupo muscular implicado, con objeto de trabajarlo con más intensidad. Cayendo en esta manera de pensar, acabas usándolas no solo para el peso muerto, sino para las dominadas, remos… Confieso que en mis inicios, tal como he contado, pensaba así y las utilizaba, aunque solo para pesos muertos muy pesados. La realidad es que en competición (en powerlifting, ya que los culturistas no demuestran su fuerza, solo exhiben su aspecto), las correas no están permitidas.
  • Los que están en contra -los auténticos «forzudos»– opinan que si las manos y antebrazos son el eslabón débil, trabaja para que dejen de serlo. Un agarre poderoso es muy duro de conseguir, pero es garantía de no fallar en ningún ejercicio, sin necesidad de accesorios y hacen que realmente seas tan fuerte como pareces. De poco sirve que hagas press de banca con 150kg. si luego llevar los recados a casa te supone un suplicio porque tus manitas no aguantan. Personalmente, hace ya muchos años que decidí que no quería levantar ningún peso que no fuera capaz de sujetar con mis propias manos. De la misma manera, poco después decidí que no quería depender de ningún soporte, por lo que no hago sentadilla trasera, sino que cojo la barra del suelo y hago una cargada para, a continuación, realizar sentadilla frontal. Es una buena manera de empezar a iniciarse en los levantamientos olímpicos. ¿Que no puedo mover tanto peso como sacando la barra del soporte? Está claro, mi sentadilla está limitada por el peso con el que soy capaz de hacer una cargada, pero teniendo ya cierta edad y dolores varios, es algo que no me preocupa y de esta manera soy mucho más funcional: a fin de cuentas, en la vida real no hay soportes para los pesos, los coges de donde estén, habitualmente el suelo.

Por tanto, que cada cual decida qué opción es la suya, todo es respetable, por supuesto, pero creo que queda claro qué opción pienso que es mejor.

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